El Château de Pierrefonds es el gran sueño romántico entre los castillos franceses: una fortaleza que parece más medieval que la propia Edad Media. Sobre este espolón rocoso, a orillas del bosque de Compiègne al noreste de París, se alza una fortificación desde el siglo XII; el imponente castillo fortificado que vemos hoy fue construido entre 1393 y 1407 para Luis I, duque de Orleans, hermano del rey. Desmantelado en el siglo XVII y abandonado como ruina pintoresca durante doscientos años, podría haberse desmoronado por completo… de no haber cautivado la imaginación de un emperador.
En 1857, Napoleón III encargó al arquitecto Eugène Viollet-le-Duc —el restaurador más famoso de su época, el mismo que rehízo Notre-Dame y Carcasona— que devolviera la vida a Pierrefonds. A partir de 1861, el proyecto se convirtió en algo mucho más audaz que una restauración. Viollet-le-Duc no reconstruyó fielmente lo que había existido; reinventó un castillo medieval idealizado, en sus propias palabras, «en una forma completa que quizá nunca existió», con torres que se elevan hacia el cielo, murallas con matacanes, salones pintados y una explosión de piedra tallada. El resultado es una obra maestra de la invención romántica y neogótica del siglo XIX: un edificio que nos habla tanto de cómo el siglo XIX soñó la Edad Media como de la propia Edad Media.
Esa silueta teatral de castillo perfecto ha convertido a Pierrefonds en una de las fortalezas más filmadas de Europa. Fue el Camelot de la serie Merlin de la BBC entre 2008 y 2012, apareció como telón de fondo en El hombre de la máscara de hierro (1998) y ha figurado en Versalles y muchas otras producciones. Es monumento histórico clasificado, no Patrimonio de la UNESCO, y está gestionado por el Estado francés. La entrada es con billete abierto y sin hora fija: con tu entrada sin colas, simplemente llegas a cualquier hora dentro del horario de apertura, pasas directamente sin hacer cola y entras en el castillo que la fantasía hizo realidad.